Declaración de los Provinciales jesuitas en Europa, Oriente Medio y África-Madagascar

 

Migraciones y asilo hoy – “No podemos poner fronteras a nuestra preocupación”

 

Roma, viernes 25 de octubre de 2013

 

Todos hemos visto, en las últimas semanas, el terrible sufrimiento causado a los inmigrantes y sus familias, de forma dramática en la reciente tragedia de Lampedusa. En los últimos veinte años, miles de personas han muerto en su intento de llegar a Europa. El Papa Francisco visitó Lampedusa y expresó su indignación y pesar por el sufrimiento desesperado de los inmigrantes. Los Provinciales jesuitas y los Superiores Mayores de Europa, Oriente Medio y África-Madagascar representamos a más de 6.000 jesuitas en dos continentes. Nos unimos al Papa en su preocupación por los migrantes, que corren enormes riesgos para encontrar una vida mejor y huir de situaciones que ponen en peligro su vida en sus países de origen. Hacemos esta declaración porque creemos que este es un momento de urgencia para nuestras sociedades frente a esta grave cuestión moral.

 

Salvar vidas – un imperativo moral básico

 

Las razones de los flujos migratorios y de los refugiados son complejas. Entre las más significativas están las guerras, las persecuciones, la inestabilidad económica, las catástrofes naturales y los estados que fracasan en atender a su población. Sean las razones que sean, la tragedia de Lampedusa nos enseña que todos estamos llamados de nuevo a nuestro deber humano fundamental de salvar vidas. No podemos escapar a este imperativo moral.

 

Detener el suministro de armas a África

 

Europa debe asumir su parte de responsabilidad en los flujos migratorios globales. Muchos estados europeos o sus empresas suministran armas a África, a menudo de forma encubierta. Estos suministros alimentan los conflictos, que, a su vez, alimentan las corrientes migratorias. Nuestro mundo está tan interconectado que no podemos situar la frontera de nuestra preocupación en el Mediterráneo.

 

El reglamento de Dublín

 

 

Muchos países europeos son hospitalarios con los solicitantes de asilo. Pero el “Reglamento de Dublín” -que establece que el primer país al que se llega tiene la responsabilidad de evaluar las solicitudes de asilo-, no facilita un reparto equitativo de los flujos de asilo. Todos los países de Europa deben apoyarse mutuamente con solidaridad en este tema y deben asumir la responsabilidad conjunta en temas de asilo y migraciones.